
Hoy en High As os traemos una de esas historias relacionadas con la marihuana que merecen ser contadas.
Ya hemos tocado tantas temáticas en el blog que queríamos empezar a probar cosas diferentes. Pensamos en hacer entrevistas a gente interesante que nos pueda dar su visión de la marihuana y de la vida, y hoy ha llegado la primera.
Entrevistamos a un ex fuerzas especiales que combate el estrés postraumático con marihuana
Después de terminar la reunión y decidir que había que contar historias únicas, Toni apareció en mi vida justo después, como si verbalizándolo lo hubiera atraído. En primer lugar, nos gustaría darle las gracias a Toni, de parte mía y de todo el equipo de High As, por permitirnos la entrevista y dejarnos contar su historia.
1. Cuéntanos quién es Toni. ¿Cuál es tu historia?
Toni es un chico maniático, curioso, orgulloso, ambicioso y a veces obsesivo, nacido en un pueblo de Alicante y con una clara vocación desde bien pequeño: servir en las Fuerzas Armadas y llegar a ser un Boina Verde.
Este chico no destacaba en nada, era mal estudiante, no se le daba bien ningún deporte, no era popular, pero tampoco era un "pringao". Lo que sí sé es que este chaval no veía con buenos ojos las injusticias, ni le gustaba que nadie tratase mal a otra persona.
Un chico que ya a temprana edad desarrolló un gran sentido de la justicia, y que necesitaba ponerse a prueba y saber si tendría el valor de ser la persona en la que se quería convertir. En cuanto cumplió los 18 se alistó en el Ejército de Tierra y su primer destino fue la Brigada de Cazadores de Montaña en el Pirineo. Aquí comenzó lo que haría de él la persona que es ahora.

2. Un ex fuerzas especiales que ahora diseña videojuegos. ¿Cuándo y por qué decidiste cambiar de rumbo profesional?
Si ser militar ocupaba el primer puesto en mi lista de metas en la vida, los videojuegos ocupan sin lugar a dudas el segundo. Desde bien pequeño me encantaba jugarlos y continuamente me preguntaba de dónde salían todos esos polígonos, o cómo podía ser que al pulsar un botón el personaje pudiera saltar o disparar. Mi curiosidad necesitaba ser saciada.
Después de 8 años de servicio, habiendo sido desplegado en Kosovo, Líbano y Afganistán, y con el cuerpo destrozado por la exigencia de las unidades en las que serví, decidí emprender una nueva aventura e intentar ganar más dinero para financiar todos esos proyectos que no me dejaban dormir.
Gracias a mi currículum accedí a un servicio de Protección Marítima como jefe de equipo, siendo desplegado en el Océano Índico para dar seguridad a embarcaciones que podían ser secuestradas por piratas provenientes de Somalia. Cada despliegue duraba 4 meses, y entre embarque y embarque era llamado para instruir en armamento a las nuevas remesas. Después de 3 embarques, mucho cansancio y una cantidad de dinero considerable en el banco, decidí lanzarme a estudiar programación de videojuegos y cumplir otro de mis sueños.
3. Has estado en la guerra de Afganistán y también en aguas de Somalia. ¿Has matado a alguien en alguna de estas misiones?
Esta es la pregunta más recurrente que suele hacer la gente cuando sabe de mi historia, y no les culpo; entiendo esa curiosidad. Lo cierto es que sí, he matado. No es algo de lo que estar orgulloso, pero no me arrepiento: hice lo que debía. Al final, independientemente de los motivos que te llevan a una guerra, lo que queda es la voluntad de vivir.
4. ¿Cómo te sentiste al apretar el gatillo?
No tengo bajas confirmadas en Afganistán, ya que todos los enfrentamientos ocurrían a distancias en las que era imposible saber si eras tú quien había acertado a un objetivo. La primera vez que pude confirmar que había eliminado una amenaza fue durante mi segundo embarque, cuando tuve que hundir un esquife lleno de piratas que venían decididos a secuestrar el barco abriendo fuego con sus AKs.
Yo estaba durmiendo; era el turno de guardia de uno de mis chicos y dio la alarma. Sin dilación me levanté, me coloqué el chaleco, en una mano el fusil y en la otra el casco, y corrí hacia el puesto que tenía asignado. Ni siquiera me puse el casco: lo dejé a un lado junto al fusil, monté la ametralladora que había en mi puesto y sin dudar un segundo disparé sobre el objetivo y los hundí.

5. ¿Perdiste a algún compañero?
Sí, a varios. Algunos en los helicópteros que fueron derribados en Afganistán, otros por IEDs (minas improvisadas) y algunos en accidentes en zona de operaciones. Es algo de lo que no te puedes deshacer jamás.
6. ¿Cómo fueron los años posteriores a eso?
Ahora vivo una vida totalmente diferente, sentado en una oficina con aire acondicionado, pero mis manos nunca olvidan el fusil. Aquellos años definieron de forma irremediable quién soy ahora y me enseñaron cosas que de otra manera habría sido imposible aprender.
7. Hoy estás aquí porque tu historia está relacionada con la marihuana. Cuéntanos un poco más.
Desde bien pequeño tuve problemas de tics, que más tarde un médico diagnosticaría como un Tourette motor. Me crujía constantemente el cuello y la espalda en un afán de calmar una necesidad absurda con la que ahora he aprendido a vivir. Tengo también TOC, muy relacionado con los tics. Nunca supe lo que era sentarme en un sofá y estar relajado leyendo un libro.
En mis últimos años de servicio, y siendo tan cuadriculado como es de esperar en un militar, yo detestaba las drogas. Un día, estando en casa de un amigo que fumaba y hablando de mi problema con el Tourette, me ofreció dar unas caladas. Al principio me negué, pero finalmente me tragué mi orgullo por desesperación. Recuerdo aquella sensación de paz, como algo que no había sentido jamás. Podía estar sentado tranquilamente sin hacer tics, algo que para mí fue casi milagroso. Recuerdo que incluso lloré.
Desde aquel momento mi percepción de las drogas cambió por completo. A base de leer descubrí historias como la mía y me empecé a interesar por la meditación y las medicinas alternativas. Gracias al THC no solo podía estar más relajado, sino que también me podía conocer mejor.

8. ¿Consideras que la marihuana, bien usada, puede ser útil para tratar distintos síntomas?
Sin lugar a dudas, y siempre sin abusar, la marihuana es una increíble herramienta que la medicina occidental se está perdiendo por culpa de prejuicios que por suerte ya empiezan a desaparecer. Creo que los traumatólogos pueden usarla para calmar el dolor, los neurólogos para casos como el mío y los psicólogos para ayudar al paciente a enfrentarse a sus demonios.
9. ¿Qué tal el mundo de los videojuegos? ¿Te ha tocado diseñar algo de guerra?
A nivel profesional no, solamente alguna demo por mi cuenta. En las empresas en las que he estado no desarrollan ese tipo de juegos.
10. ¿Qué tipo de variedad te gusta más, índica o sativa?
La índica es la que más me ayuda con mi sintomatología, pero para meditar, inspirarme o pasar un buen rato con los amigos prefiero la sativa.
11. ¿Qué opinas de la legalización de la marihuana? ¿Funcionaría en España?
No me queda más remedio que estar a favor de su legalización después de mi experiencia. No me atrevería a asegurar si funcionaría o no, porque las personas somos imprevisibles y seguro que surgirían nuevos retos, pero creo que con un buen enfoque se podría hacer. Es necesario un marco legislativo que garantice que las personas hagan un uso responsable.

12. Y como última pregunta, ¿qué opinas de otras plantas espirituales como la Ayahuasca?
Si hablamos de la marihuana por sus efectos medicinales, no podemos pasar por alto la Ayahuasca. Hubo unos años en los que estaba sumido en una depresión, un periodo más largo de lo que me atrevo a reconocer. Al igual que con la marihuana, tuve que tocar fondo para acudir a remedios que, aún estando más abierto de mente, todavía me suscitaban dudas.
Cuando tomas "la medicina", como a ellos les gusta llamarla, llegas a un estado en el que desaparece por completo el muro del ego. Te arrastra por los pensamientos que siempre evitas y te obliga a enfrentarte a ellos para, finalmente, deshacerte de ese trauma, materializándolo en forma de vómito. Gracias a este retiro comprendí, entre otras cosas, que aunque mi trabajo aquel día fuese matar a aquellos piratas, debía verlos como personas y entender su situación. No me arrepiento de lo que hice, pero ahora lo veo desde una perspectiva que se aleja del orgullo para convertirse en piedad.
La historia de Toni nos enseña muchas cosas en el plano más espiritual de la vida y nos hace reflexionar sobre los estigmas que todavía giran en torno a la marihuana y su legalización. Y, por supuesto, confirma que la marihuana bien gestionada puede ser un arma muy potente para combatir distintos síntomas.
Doy las gracias a Toni una vez más por abrirse conmigo mientras estábamos echando humo, y a High As por darme la oportunidad de contar historias así.